QUE VIVA QUEBEC LIBRE

QUE VIVA QUEBEC ¡LIBRE !

Charles de Gaulle, presidente de Francia, debió haber pasado por Ottawa, capital de Canadá, para dirigirse a la inauguración de la exposición “Expo 67” en Montreál el 24 de julio de 1967. Sin embargo, De Gaulle, tomó un largo viaje en barco para llegar a la ciudad de Quebéc, capital del estado de ese mismo nombre, poblado mayoritariamente por francéses. Llegó por mar, imitando a los colonos que en la época colonialísta, así llegaron.

 La multitud estaba esperándolo al desembarco del crucero llamado “Colbert”, en la ciudad de Quebéc, y después tomó “el camino del rey” con rumbo a la ciudad de Montreál. Ese “Camino del Rey” fué construído por los colonos franceses para cuando el rey de francia viniera a visitarlos, transitára por esa vía hecha especialmente para él. El rey de francia nunca vino, nunca se presentó, y el “Camino del Rey” se quedó esperando …hasta que en 1967, Charles de Gaulle, presidente de Francia, se decidiera …a tomar el lugar del rey.

Después de pasar por pueblos y rancherías sobre el “camino del rey”, Charles De Gaulle llegó a Montreál, en donde presentó un discurso y al final de éste pronunciára la frase que ahora utilízan todos los separatístas que quieren independizarse de Canadá: “Que viva Quebéc ¡Libre!”.  Después hubo el primer referendo para votar por la “soberanía-asociación” el 20 de mayo de 1980, en la cual Quebéc deseaba la igualdad entre las dos naciones. Ese primer referendo no logró la mayoría necesaria y los separatistas perdieron,  …y ahora llegamos al segundo referendo, el de 1995 para ver si alfin los colonos Franceses votan mayoritariamente por la independecia de Quebéc, o nó.

DIA DE REFERENDO. Era el 30 de octubre de 1995, tomé mi auto para dirigirme al centro de la ciudad de Quebéc. Eran como las once de la mañana. Tuve que dar varias vueltas en las diferentes calles del Viejo-Quebéc antes de encontrar un lugar para estacionarme y después caminé hacia el lugar llamado Carré d’Youville, mi lugar de predilección para tomarme un café y un panecillo en un restaurante de comida rápida que se encontraba frente al teatro Palais Montcalm en donde ahora, todos los comercios pertenecen a una sala de espectáculos. Antes de llegar al Carré d’Youville, caminé sobre la calle San Juan y después atravesé la puerta del mismo nombre.

Había mucha gente excitada que gritaban mensajes separatístas, era el día de votación del segundo referendo o plesbícito por la independencia de Quebéc y había pequeños grupos de gente de todas las edades que ofrecían volantes y que gritaban “Que viva Quebéc libre”.

Se respiraba un ambiente de fiesta, la gente que ofrecía la propaganda reflejaban la seguridad de ganar el referendo y había quienes se divertían comentando de la manera en que la gente viviría dentro de un Quebéc independiente “vamos a continuar a utilizar la moneda canadiense”, “vamos a continuar a recibir las pensiones de canadá”, “nada será diferente, solo que seremos mas ricos”, etc.

La gente se miraba felíz en el Viejo-Quebéc, todomundo sonreía y  podíamos creer que hasta los pajarillos se divertían cantando sus mejores piezas musicales, y el pequeño viento se sumaba a la alegría y producía la música de fondo de una forma magistral para completar la simfonía de este día de referendo en donde los quebécos irían a las urnas para escoger entre el “si” o el “no” y volverse un pais independiente o continuar dentro de la federación canadiense.

Algunos metros, antes de llegar al restaurante de comida rápida a donde yo me dirigía a tomar mi café, divisé un grupo de unas siete ou ocho personas que habían instalado un módulo de votación a la entrada del restaurante.

Cuando llegué frente a la puerta, todos los separatístas comenzaron a gritar insultos contra mi persona: “los pinches importados, no queremos verlos aqui”, “Que se regresen de donde vienen”, “Que nos dejen nuestro frío y nuestro invierno y que se vayan”, “Vamos a controlar la inmigración en un Quebéc independiente”, “Querémos un Quebéc Francés blanco”, “No dejarémos pasar a negros ni otros”, etc.

La muchacha que me servía mi café y mi panecillo se quedó con la boca abierta y los ojos deshorbitados, ella no creía lo que estaba oyendo, de verme agredir verbalmente por ese grupo de gente, hasta la muchacha encargada de la mesa de votación se agregó a los insultos contra mi persona.

Tomé mi charola con mi pedido y miré hacia toda la sala, todos los lugares para sentarme estaban ocupados con la excepción de una mesita que se encontraba al fondo de la sala y otra que se encontraba al lado de la mesa de votación, rodeada de esa gente racista que me insultaba sin parar desde mi llegada al restaurante.

Yo refleccioné algunos segundos antes de tomar asiento en alguna de las dos mesas. Yo me dije: “si yo tómo la mesa que esta en el fondo del restaurante el grupo de racístas-separatístas van a creer que tengo miedo y que quiero escapar al desprecio racial de ellos”. Enseguida me dirigí hacia la mesa que estaba rodeada de esa gente que no querían ver a los “importados” en Quebéc, Canadá.

Cuando me senté al lado de ellos, intensificaron el volúmen de sus voces y de sus insultos. Yo creía que a un momento dado me atacarían físicamente pero cuando repasaron otra vez el repertório de insúltos, se salieron del interior de la sala, excepción de una muchacha separatísta que continuó insultándome adentro.

Yo nunca respondí a sus insultos porque no quería que ellos dijeran que fui yo quien los había provocado. Mi única respuesta fué mi comportamiento inequívoco: “Nosotros los Importados, aquí estamos y aquí nos quedamos, les guste o no”.

Después de algunos minutos y quizás, porque su repertorio de insultos ya estaba agotado en varias ocasiones, la muchacha racísta-separatísta tambien salió de la sala, ella fué a sumarse al grupo que hacía la promocion del “si” a la entrada del restaurante. La única que quedaba dentro del restaurante era la “jefa” que se encargaba del módulo o mesa de votación inprovisada y que también había dejado de insultarme.

Yo terminé de tomar mi café y mi panecillo en paz, los racístas encargados del módulo de votación improvisado del referendo quebéco de 1995 “trabajaban” todos en la banqueta, a la entrada del restaurante. Yo me pregúnto lo que me hubiera sucedido si yo hubiera sido negro o autóctono.

Nosotros “los importados” llegamos a esta tierra de manera civilizada, no le causamos daño a nadie. Nosotros podríamos vivir en un Quebéc autóctono, respetando las leyes, contribuyendo al progreso, conviviendo con todomundo y siendo felices.

En ese referendo de 1995, los separatístas volvieron a perder, y Jacques Parizeau, ex primer ministro Quebéco, le echó la culpa de su fracaso “al dinero y al voto etnico”, demostrando su desprecio hacia los canadienses de origen inglés y a los grupos etnicos.

Tomado del libro PRIMER ENCUENTRO de Guillermo Ramirez Bravo  www.grb112.wixsite.com/mysite      www.primerencuentro2016.page.tl  

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s