QUEBEC RACISTA

QUEBEC RACISTA

Me dijeron que hay un nuevo periódico que estan escribiendo en una cooperativa de habitacion llamada Fólom, aquí en Montreál. El periódico interno se llama El Sol del Fólom y andan buscando gente que les guste escribir y que deseen colaborar con ellos. Es muy raro que esta gente invite a escribir a alguien que no sea de su raza. Habitualmente se forma una mafia de blancos occidentales que se apoderan del poder, en cualquier empresa, y bloquean a todo inmigrante y solo se invitan entre ellos, canadienses franceses, no mas. Pero creo que esta vez, les urge.

Se invitan entre ellos solamente, no morenos ni negros, y por eso me extraña ahora que me inviten a mi. Me pidieron que escribiera en sus páginas pero no sé que sujeto desarrollar en mi primer envío. Fuí a hablar con ellos y les pregunté sobre qué querían que escribiera y me dijeron que escogiera yo el tema y que lo desarrollara.

Pero al mismo tiempo me sugirieron “escribe en español”, “escribe sobre tu experiencia en Quebéc”, “cuéntanos como ves Canadá, etc. Ellos quieren que yo hable como inmigrante y se esperan a que yo descríba negativamente mi país de orígen. Me miran siempre, en mis 27 años de vivir aquí, como un recien llegado, como alguien que no conoce nada y que no habla su idioma ni conoce sus costumbres.

Por mi parte, no me gustaría hablar como inmigrante, me gustaría tocar cualquier otro tema, pero nó el de inmigrante. Yo viví 24 años en la ciudad de Quebéc y la gente me han preguntado cuando menos unas 500 mil veces que les hable como inmigrante, como un “importado”, como nos llaman despectívamente en la ciudad de Quebéc, y no me causa ningún placer ponerme a contarles a esa gente, otra vez, mi ingreso a Canadá.

Yo no puedo decirles que estuve casado con una mujer Quebéca,  “pura lana”, racísta como no se puede más. (Los canadienses de origen francés se dicen “Quebécos pura lana” para hacerse creer que ellos son nativos de aquí, aunque no lo sean).

Yo no puedo decírles que en mi propia casa fuí tratado como un “importado” en la mañana, medio dia y noche y que cuando salía a la calle para ir a trabajar, la gente de la ciudad de Quebéc me detenía en la vía pública para hacerme preguntas hirientes: ¿de donde viene usted?, ¿cual es su pais?, ¿Porqué se víno a vivír aquí?, ¿En su país hace calor, porque no se regrésa allá?, …y tantas mas.

En los priméros años, respondía con gusto a todas esas preguntas llenas de racísmo y de desprecio subtíl, pero después de varias décadas, ya me tienen hastiado y hasta provocan una cierta rebeldía desconocida por mí.

No es agradable hablar como inmigrante. Nos cansamos de responder a las mísmas preguntas cada día. En mi casa, era yo el único que trabajaba para pagar el apartamento, los dos autos, los seguros de vida y del inmueble, la calefacción en el invierno, y todo lo demás. Mi mujer canadiense se miraba blanca y se creía  “la raza superior” y se miraba rica tambien, pero nunca lo fué.

 Ella no quiso nunca trabajar, ella se quedaba en la casa a cansarse de hacer nada, con su diploma universitario en las manos, y me trataba y me miraba como un  “importado” en nuestra propia casa y al exterior. Yo no conocía el racísmo ni su subtileza, así que no podía defenderme.

Si yo comía, comía porque era mexicano; si yo no comía, no comía porque era mexicano; si yo reía, reía porque era mexicano; si yo no reía, no reía porque era mexicano; si yo lloraba, lloraba porque era mexicano; si yo no lloraba, no lloraba porque era mexicano. El racista es un enemigo que habla como si fuera un amigo, esa subtilidad no es fácil describirla. Todo lo malo se lo achacan a los inmigrantes, a los morenos y negros. Todo lo bueno se lo niegan.

A mi mujer le gustaban las películas de Cow boys, donde los autóctonos o “salvajes” eran los Malos y los blancos eran los Buenos. Tambien las películas racistas donde los negros eran pintados como “primitivos“ y los blancos como “civilizadores”.

En esos años 80 abundaban las publicidades comerciales donde se pedía dinero para “ayudar” a los países pobres y se presentaban fotos de gente negra o morena muriéndose de hambre. Cuando mi mujer hablaba de ayudar a los países pobres, echaba una miradita con el rabo del ojo enviando un mensaje a la gente que yo era uno de ellos. Y su actitud encontraba éco.

Ella me repitió varias veces “salimos con séres inferiores para poder sentirnos superiores”. Es por eso que yo no quiero hablar más como inmigrante, porque no es nada agradable, yo no puedo decírles que yo considero que la mayoría de Pequistas-separatistas de la ciudad de Quebéc, esos que quieren construir un pais Francés en Canadá, son mas racistas que la Alemania nazi en tiempos de paz.

 Yo no puedo decirles que yo escuché a esos separatistas, un millon de veces decir que ellos iban a cerrar las fronteras de un Quebéc independiente a la gente negra y a gente como yo, delante de mí. No es nada agradable contar en ese periódico del Fólom mi llegada a Canadá.

Lo que sí fué agradable, sucedió, cuando yo estaba aquí en Quebéc, como turísta, cuando saborée por primera vez las diferentes cervezas quebécas, cuando probé el platillo típico quebéco llamado Putín, a los diferentes Patés de la región, a la Tourtiere del Lago San Juan, a la carne del Oriñal que se asemeja al venado, y tantos otros platillos. Fué agradable cuando yo no había aún conocido a mi futura mujer y que yo jugaba al Don Juan con las chavas de Quebéc. Fué agradable también cuando comencé a pronunciar las primeras frases en Francés.

Yo créo que, al fin de cuentas, no voy a escribir en el periódico del Fólom, porque no será agradable. En la ciudad de Quebéc, yo viví 24 años y no me hice nunca ningún amigo quebeco “pura lana”, ni uno solo. Yo no puedo decir “voy a darme una vuelta a Quebéc para ver a mis amigos”, no tengo ninguno. A los quebécos les gusta hablar “blanco con blanco”, “francés con francés”, a ellos no les gustan los “importados”, ni los Ingleses. Ellos odian a los Ingleses y a las minorías étnicas.

A mi me sorprendió mucho cuando llegué a Montreál, porque aquí, todomundo le habla a todomundo, hay racistas por todos lados pero aqui se hacen muy discretos, no se manifiestan tanto a alabar a la raza blanca y menospreciar a los demas grupos etnicos como en la ciudad de Quebéc, donde se sienten mayoritarios y creen que nadie los escucha.

Créo que no podré escribir una columna completa hablando de mi arríbo a Canadá. Además, no créo que la publíquen. Para publicar una nota la hacen pasar por varios “filtros”, me dijeron. El filtro de la directiva del periódico, el filtro de la organización del Fólom y el filtro de la Redacción del periódico entre otras casualidades, antes de publicar algo. Créo que voy a perder mi tiempo y mi esfuerzo.

Un amigo me habló de ese nuevo periódico pero cuando fuí a hablar con ellos, estaban casi conmocionados de ver que un no-francés quería escribír en francés. ¿Como va a hacer usted para escribir en francés si no es francés? Me preguntaban casi espantados, y después se calmaron y me dijeron que sí, pero que había que pasar mi escríto por todos los filtros…

Mejor ahi muere. Renuncio.

Tomado del libro PRIMER ENCUENTRO de Guillermo Ramirez Bravo   http://www.grb112.wixsite.com  

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